Era una verdad innegable para todos, pero personalmente nunca lo había experimentado tan crudamente, y en silencio. Yo no debía estar ahí, y ahora que sé como es, me siento, no furiosa, ni indignada, sólo siento algo de resignación ante la situación. Tenemos el sistema de transportes que nos merecemos. Me subí al metro apretando a los demás, y quedando pegada a la puerta. Lo más desagradable no era sentir los cuerpos de otros contra el mío, sino que sentir la traspiración de todos en mi cara, contra la puerta. Todo por ir a dejar al Diego a Los Presidentes y bajarme con él, debí quedarme dentro del metro, pero me bajé. Dejé pasar tres metros (ruta roja, por lo que en realidad serían seis) sin decidirme a presionar a los demás para no llegar tarde a clase. Si estoy escribiendo esto es porque, precisamente no alcancé a llegar a la clase. Ahí dentro, escuchando criticas de los demás por subirme cuando ‘no cabía nadie más’ pensaba, el señor que está al lado mío y que me reclama tanto debe haberse subido de la misma forma, por algo estaba contra el vidrio. Filo, Una estación más y voy a ser ‘parte de ellos’, pensé. Claro, porque la persona que se sube es la ‘invasora’, la ‘ajena’, por eso todos le reclaman, pero cuando logró entrar y ‘acomodarse’, en la próxima estación va a reclamarle a la nuenva ‘invasora’. Cuando ya era ‘parte de ellos’ pensé esto, y no quise reclamar nada, ni defenderme. No puede ser culpable el que está adentro y el que quiere entrar. Parece que alguien pensó lo mismo, pues al instante se escuchó un ‘ No nos reclame a nosotros, dígale a estos weones del metro que nos tienen como sardinas’. Había alguien cuerdo, qué bien. En realidad estoy en una disyuntiva, será que el culpable es el metro, o las autoridades, o el gobierno, o el sistema… No seremos nosotros los que tenemos lo que nos merecemos? No puedo evitar pensar en los argentinos. Cuando empezó esta tontera del transantiago hubo varios que dijeron que esto no pasaría en Argentina. ‘Si hubiese sido allá, los argentinos dan vuelta los trenes y queman las micros’. No sé si sea tan así, pero no cabe duda de que nosotros aguantamos mucho, reclamamos desde el fondo del andén, y hacemos muy poco. Somos como zombies, un rebaño que camina al matadero echándole la culpa a los demás de la desgracia en la que todos participamos. Acepto la parte de responsabilidad que me cabe en esto.
- pa alla iba, imagínate la salida
- sin rostros, solo animales
- entre 7 y 8 am
- no somos muy diferentes



